Provocaciones

viernes 5 de febrero de 2010


Algunos seguramente sentirán asco o indignación por mis actos. Me va y me viene. Muchos aquí siguen siendo prejuiciosos y bastante hipócritas. Moral e hipocresía son casi lo mismo. La gente calla cuando los parientes abusan de sus hijos, los escoltas de ese colegio que chifaban por notas con el director tiempo atrás y que hicieron la delicia de la prensa chicha ahora están casados y con hijos. La religión y las “buenas costumbres” son herramientas para fomentar la intolerancia y nublar el conocimiento. Lástima que en esta sociedad la mayoría todavía pertenezca a esa masa que Nietzche definió como “la trapa”. Claro que a mí no me afecta en lo más mínimo. Estoy más allá del bien y del mal, soy un superhombre, un maldito, un aventurero (como Lord Byron, como Sade, como Lawrence de Arabia). Generaciones más abiertas seguramente no se escandalizarán y aprobarán mi proceder.

A mis 16 años era bastante más avezado que mis compañeros de colegio. Devaneos sexuales, juergas y orgías etílicas, y experiencias regulares con narcóticos se habían vuelto parte natural de mi bagaje. Por lo anterior supongo que más de uno creerá que era el semental y el parrandero de la clase pero nada podría estar más lejos de la verdad. Yo le puedo entrar a todo pero siempre teniendo en cuenta mi propio interés y el buen gusto. Dado que mis compañeras eran vacías y no valían nada y mis compañeros unos patéticos mediocres, por puro desprecio hacia ellos nunca me molesté en darles a conocer mi faceta licenciosa.

Joder –en el sentido sexual del término- y cagar son dos experiencias muy placenteras, pero joder y cagar a alguien lo son aún más. Al empezar el año llegó a mi salón un zambo de rostro calavérico, que exhibía maneras y bromas grotescas. Inició una escalada de provocaciones contra nuestro tutor, un hombre algo mayor y de ánimo apacible aunque resentido por las amarguras del magisterio. La cosa no paró hasta que “se le salió el indio” y, preso de la cólera, embistió al provocador cual toro salvaje en plena clase. Dramas, disculpas, quejas de los padres, al final tanto el profesor como el alumno fueron expulsados. Me causó perplejidad que alguien tan incapaz como él hubiese podido ocasionar todo eso, aún a costa de sí mismo. Mi orgullo, tal vez también mi vanidad, me indujeron a querer superarlo.

Había un profesor de Lengua y Literatura por el que desde hacía un tiempo tenía una cierta aversión. Era algo en su actitud, típica de un maestro mediocre (hablaba mucho y enseñaba poco), pretencioso (comentaba libros que ni siquiera había leído) y aprovechador (solía hacer pequeños negociados en las representaciones y desfiles escolares). No era, sin embargo, ni mejor ni peor que el resto. No especificaré más allá las razones de mi antipatía. Tenía entre 40 y 50 años, estaba casado y con hijos, llevaba relativamente buen tiempo dictando, cosa destacable si se tenía en cuenta la alta rotación de docentes que había cada año. A pesar de que no parecía haber nada anómalo en él, corría el rumor de que sus preferencias sexuales eran más bien heterodoxas, lo cual era motivo de frecuentes burlas a sus espaldas.

Me dispuse a sondearlo. Procedí en todo momento con cautela, de modo que no pudiese sospechar. Noté cierto amaneramiento en sus gestos y tuve la impresión de que se quedaba mirando a algunos de mis colegas. Por las tardes traté de seguirlo, averigüé su dirección y un par de veces me puse a vigilarlo en su barrio. Desistí pronto de esas pesquisas por no poder encontrar nada concluyente y exponerme a ciertos riesgos, empezando por el de ser descubierto.

Decidí tratarlo más. Empecé a quedarme después de su clase para conversarle y a abordarlo en los recreos, en los que, generalmente, se quedaba sentado en una banca en medio de la neblina mirando los partidos de fútbol que se jugaban en la canchita, ocasionalmente hablando con algún otro profesor o siendo importunado por alumnos. Mis avances aparentemente no levantaron sus sospechas. Más bien se tomó de buena gana mi actitud, probablemente por sentir que mi trato era agradable y que, a diferencia de mis compañeros, me acercase para algo más que fastidiar.


En un principio hablamos de una variedad de temas como el clima, algún suceso de interés, la cultura y las letras. Conversando de las de Francia me habló muy animadamente de Los Miserables pero cuando le quise comentar del decadentismo suplió sus escasos conocimientos literarios desviando el centro de interés hacia la película, también francesa El día del chacal.

A medida que me iba ganando su confianza afloraron otros detalles de él. Había estado en varios colegios antes, aunque no explicaba los motivos de su salida de ninguno de ellos y tenía desencuentros en casa. También me empezó a dar la impresión de que tendía a meter temas de gays en la conversación, no simplemente con el morbo hipócrita de la gente corriente sino con un interés más sospechoso. Hablaba, con sorprendente conocimiento de causa, de homosexualismo en las altas esferas de la política, el deporte y la farándula. Con deleite y desconcertante erudición se refería a las costumbres sexuales de Grecia y Roma, empezando por historias escabrosas como la de los pecesitos de Tiberio, las aventuras de Julio César y los excesos de Nerón y Heliogábalo. Pero sentía especial predilección por las costumbres de los griegos, entre quienes esas prácticas eran aceptadas, andaban desnudos en los gimnasios y las Olimpiadas y cuyos dioses y héroes hasta pateaban con las dos piernas. Los helénicos, decía, exaltaban las relaciones de los hombres con los imberbes efebos, solían confundir al amigo con el amante y era normal que los maestros se tirasen a sus educandos para transmitirles conocimientos.

-¿Usted también aprueba esas cosas profe? –le pregunté inocentemente en una ocasión después de oírlo.

-¡No!, claro que no. –respondió tajante pero claramente abochornado.

De todas formas seguí sacando partido de este obvio y turbio interés. Le traje los diálogos platónicos como El banquete, en donde se tocaba con particular entusiasmo el tema –Alcibíades es para mí el personaje más memorable de aquellas escenas- , la interpretación de los sueños eróticos de Artemidoro de Éfeso, las Églogas de Virgilio, picantes versos de Marcial y ficciones como El Satiricón. Noté que gozaba aún más hablando de ellos, aunque ello no debía insinuar más que un peculiar gusto por la literatura antigua.

Nuestra conversación, en todo caso, nunca se volvió del todo monotemática. Conversábamos sobre el resto de alumnos, rajando de ellos y del absoluto desinterés de la mayoría por su instrucción, todo con la distancia de quien mira a los demás desde un pedestal. También empecé a enseñarle algunos de mis escritos, los cuales calificó como muy ingeniosos. Cuando una tarde me invitó a comer un cuarto de pollo a la brasa después de haber leído algunos de mis versos con la supuesta intención de comentarlos, sus fines se me empezaron a hacer bastante diáfanos.

Fue la señal de que debía dar un nuevo paso sin tener ningún escrúpulo. Era claro: la literatura antigua llevaba al pollo a la brasa y el pollo a la brasa a algo más. Siguiendo las sabias leyes de la alquimia que afirman que para ganar en ella algo valioso hay que entregar algo más o menos proporcional, hacer un autoscacrificio, estaría dispuesto a ser humillado y a embarrarme para hacer caer al sujeto en cuestión en la completa indignidad. Claro que mi repugnancia no era mucha, a fin de cuentas se trataba sólo de experimentar nuevas sensaciones y ya antes no había dudado, por ejemplo, en complacer las exigencias de un par de helenófilos, vendiendo mi cuerpo por dinero. Sólo me había refrenado de rebajarme a la pasividad, teniendo en cuenta la afirmación de Séneca de que ello era para el hombre libre una deshonra y para el esclavo un deber en todo aspecto. Y yo, como hombre nuevo, siempre he valorado mi libertad.
Lo convencí de quedarnos en su salón durante una hora después de clases con el supuesto fin –que fue el que referí a mis viejos- de que me echase una mano con los contenidos del curso. Aproveché las sesiones más bien para meterme mano frente a él, aparentando que me rascaba despreocupadamente las nalgas y la entrepierna; y para sazonar la conversación con picantes tópicos, generalmente inspirados en las lecturas de mi profesor.

-¿Por qué le afana tanto el asunto profe? –le pregunté una tarde como quien no quería la cosa.

-Ya no puedo seguir ocultándolo, pero, por favor, no se lo digas a nadie…

Lo soltó. Confesó su secreto contando con mi confidencialidad. De tiempo atrás le gustaban los hombres –los jovencitos para ser más exactos. El que su mujer no le hiciese caso y sus hijos no lo comprendiesen contribuía a agravar su si0uación. Pura retórica barata, en todo caso era el momento para pasar a la acción. Sin que el profe se diese cuenta del fin que tendrían, le dije que solicitase a un conserje con el que tenía confianza traer al salón sogas, cinta adhesiva y una vara (quizás pensó que servirían para el ensayo de una obrita escolar) Yo, por mi parte, había colocado una caja de preservativos entre dichos objetos. Esta sería la utilería de la truculenta escena que íbamos a representar.

“Casualmente” se me cayó liquid en la camisa. El profesor con un trapo se puso a limpiar, yo le pregunté si últimamente había andado con ganas de conocer helénicamente a alguno de mi clase. Me rasqué otra vez. “Life is a thriller”, le dije casi en un susurro.

-Voy a tener que castigarte por tus malcriadeces. –dijo el profe mientras me arrancaba la camisa y se bajaba con ímpetu los pantalones.

Me estuvo metiendo mano y tratando de besarme. Pude haber opuesto resistencia pero eso no estaba de ninguna manera en mis planes. Más bien le pedí que me diese duro, amarrándome al escritorio en una pose humillante y desnudándome. Repetidos golpes de la vara que el maestro envainó desgarraron mi piel. “¡Sufre alumno sufre!” exclamaba sonriente mientras yo apretaba los dientes. Y, satisfecho de azotarme, empezó a sodomizarme. Esto último lo hizo, tal como debía ser, después de ponerse los condones que se encontraban entre todos los instrumentos del altar de esta ordalía. Habría podido agregar vaselina para aminorar el ultraje pero eso habría dado una inconveniente impresión de consentimiento al acto.

Mi cuerpo se agitaba con cada brutal embestida contra el escritorio, que resonaba con la fuerza de un gong. No hay duda, el profesor demostró ser todo un salvaje, una fiera descontrolada. O, como habría dicho mi desafortunado ex tutor “se le salió el indio”. Entre gemidos de excitación se lo podía oír exclamar obscenidades como “!Duro, duro, duro! o la más curiosa “!Chimpun Callao!”.


Fue especialmente desagradable el rogarle que me eyaculase encima antes de ser amordazado en el clímax, quedando anegados mis gritos. Apenas vi su rostro pero sospecho que debía tener un expresión de éxtasis. Al final se levantó, se subió los pantalones y dijo, esta vez con tono de gracia, “no se lo digas a nadie”, salió silbando y cerró la puerta con llave.

Le había hecho creer que me las arreglaría para salir al rato (los amarres no eran muy fuertes) y que ya no debía quedar nadie en el plantel. No sabía que en el recreo le había avisado a un conserje con el que tenía confianza que pasase por el salón por esa hora para recoger unas cosas que se habían quedado ahí. A la hora esperada, vi cómo trataba de abrir la puerta. Sacó la llave y pasó, al verme debe haber quedado completamente conmocionado: estaba desnudo, amarrado al escritorio, amordazado, amoratado y eyaculado. En algo parecido a la posición fetal derramaba silenciosas pero intensas lágrimas de cocodrilo.

-Fue el profesor, ¡me violó!... Hablaba de poemas, me metió mano, me amarró, me pegó, me… -dije deshecho en sollozos cuando me sacó la mordaza, actuando como si todo fuese tan duro que no me salieran las palabras.

-¿Quién fue ese rosquete conchasumadre? –preguntó el viejo con una mezcla de ira e indignación.

-¡El profesor Gaviria!

Me desató. Le dije que llamara a la policía, previamente me cubrió con una manta –me aseguré de que no lo hiciese donde había semen. En más o menos un cuarto de hora llegaron los investigadores, al poco rato también estaban ahí la prensa y profesores, compañeros y padres, formando una pequeña multitud que me jalonó a la salida de la escuela. Fui llevado a la comisaría, no sin antes hacerse pesquisas en la escena del crimen y verme obligado a responder a los inoportunos reporteros, permanentemente sollozando consternado.
Di mi versión de los hechos. En ella yo nunca había sospechado de las intenciones de mi maestro: sólo pensaba en el enriquecimiento académico, no había hecho nada por provocarlo y me había agarrado desprevenido y abusado de mí con sevicia. Las muestras de esperma confirmaron que él era el abusador. Esa misma noche fue detenido a la salida de un bar gay.

Después, el juicio, y el escándalo que hizo por unos días la delicia de la televisión y de la prensa sensacionalista y que, por supuesto, dejó por los suelos la imagen del colegio –como si hubiese tenido algo bueno que lucir antes- aparte de llevar a muchísimos padres a sacar a sus hijos –yo entre ellos. Nadie le creyó al abusador, evidentemente desmentí indignado todas las insinuaciones que hizo sobre cómo lo había llevado a hacer eso. Se hizo notar su enfermizo interés por cierta literatura grecorromana y la viciosamente elaborada forma de la violación. Se mencionó con sorpresa, sin embargo, el hecho de que hubiese usado protección. Esto último fue lo único que mereció la aprobación de quienes lo juzgaban, aunque no ayudó a rebajar la condena. Me enteré después de que una turba de padres que vivían por su barrio saquearon su casa y que su mujer lo dejó. No me cuesta inferir que en la cárcel muchos reos lo deben de haber violado y vejado, tampoco me sorprendería que los propios policías se les uniesen. Si sigue entero no cabe duda que le habrá dado sida, porque la gente de allá no tiene la gentileza de cuidarse. Evidentemente, durante largo tiempo aparenté estar muy afectado.

Comencé este relato afirmando que seguramente mucha gente se indignaría con él. Reitero que me importa un carajo. Humillé en todo sentido a uno de mis mayores a la manera que lo hizo mi bienamado Rimbaud con Verlaine. No sé si, como con éste último, la experiencia vivida tenga un efecto trascendente en su espíritu ni me interesa realmente. Quiero solamente dejarlos pensando antes de terminar que, así como aquella vez manifestó conmigo sus bajos impulsos y fue descubierto, debió de haber hecho lo mismo con muchos otros, sin esperar su consentimiento. Así, mi acción, que tan repelente ha de haber parecido desde el principio podría -para algunos- considerarse como un acto de justicia. En cuanto a mi suerte, el colegio tuvo que indemnizarme por daños físicos y psicológicos, quedé completamente limpio de toda sospecha y mi entereza a la hora de denunciar fue elogiada por muchos, tanto así que he oído que un par de promociones fueron bautizadas con mi nombre.


A propósito de esto último, tal vez no esté del todo de más aquella máxima de esa superstición llamada cristianismo que dice que por sinuosos caminos discurre la voluntad del Señor.

¿Te crees un JOVEN PERUANO LÍDER como para poder DEMOSTRARLO?

sábado 23 de enero de 2010
INSTITUTO PERUANO DE LA JUVENTUD (IPJ)


¿En verdad hay JÓVENES LÍDERES en el PERÚ?
¿Pero DÓNDE ESTÁN que no los VEO?




¡ NECESITO TIGRES(AS) QUE TENGAN LAS RAYAS BIEN PUESTAS !



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Los más talentodos podrán convertirse en DIRECTORES DE PROGRAMA si demuestran su capacidad
de liderazgo, organización y convocatoria en las actividades que planifiquemos de manera conjunta.


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Sede Central
Calle Max Gonzales Olaechea 356 Oficina 102
Urbanización Santa Catalina, La Victoria
(a 2 paralelas a espaldas de la Agencia BCP de la cuadra 3 de la Av. Canadá,
cruzando el primer Parque Sergio Bernales).

¡ Agréganos a tu MSN !
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Pepe Blanco Acevedo
Presidente
Promotor Principal y Organizador Global
E-mail: pepeblancoacevedo@hotmail.com







ESTAS SON ALGUNAS DE LAS EMPRESAS E INSTITUCIONES CON QUIENES HE DESARROLLADO
ACTIVIDADES COMO IPJ DESDE SU FUNDACION EN SETIEMBRE DEL AÑO 1998

MINISTERIOS/INSTITUCIONES: Ministerio de Comercio Exterior y Turismo (MINCETUR), PROMPERU, Ministerio de la Producción (PRODUCE), Ministerio del Trabajo y Promoción del Empleo (MINTRA), CONAJU (Ver Carta Oficinal al final), Dirección Regional de Educación de Lima Metropolitana (DREL), Ministerio de Relaciones Exteriores, Academia Diplomática del Perú.


MUNICIPIOS: Municipalidad Metropolitana de Lima, Municipalidades Distritales de LINCE, COMAS, LOS OLIVOS, RIMAC, LOS OLIVOS, SAN LUIS, SANTIAGO DE SURCO, PUEBLO LIBRE, MIRAFLORES, SAN BORJA, SAN MARTIN DE PORRES.


COLEGIOS PROFESIONALES: Colegio de Economistas de Lima, Colegio de Abogados de Lima, Colegio de Contadores Públicos de Lima, Colegio de Ingenieros del Perú.


GREMIOS EMPRESARIALES: Asociación de Exportadores, Cámara de Comercio de Lima, Sociedad Nacional de Industrias, Club de la Unión de Lima, Consejo Económico del Cono Norte, Càmara de Comercio de Lince, Cámara Peruana de Pequeñas y Micro Empresas Exportadoras CAPEMEEX (Proyecto original de IPJ).


ASOCIACIONES: APEMIPE, ONG GESTAL, APAVIT, AHORA, KUNTURNET, CAPECE, CLUB DEPARTAMENTAL TACNA, APRODEI, GIPAMA (PIURA), JUICE (CUSCO), CAMARA DE COMERCIO PERUANO FRANCESA, AMCHAM, ASOCIACION DE AGENTES VIAJEROS DEL PERU.


UNIVERSIDADES: PUCP, UNI, UNMSM, UTP, UNFV, TELESUP, RICARDO PALMA, GARCILASO DE LA VEGA.


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RESUMEN DE LOS PROGRAMAS

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PAMET©
Programa de Apoyo al Menor Trabajador



PAJ©
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Programa Iberoamericano de Jóvenes Exportadores


PFE©
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PSJ©
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ICJ©
Programa de Iniciativas Culturales Juveniles


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Catálogo Internacional de Productos y Servicios


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PDJ©
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Programa de Apoyo al Pequeño Exportador



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Programa de la Tercera Juventud


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EXPORTANDO PERU©
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EPJ©
Escuela de Promotores Jóvenes

Por todo lo gozado y por lo por gozar

viernes 15 de enero de 2010
Sin más dedicación que el título mismo

Instintivo probablemente,
desde Onán que se tiene registro;
cualquier lego es autosuficiente
de un placer rechazado por Cristo.

Quizá el método más antiguo
de todos los anticonceptivos,
porque más vale pájaro en mano
que procrear sin haberlo planeado.

Terror de las magdalenas
y de las señoritas que fuman,
al oficio más cosmopolita
ha hecho guerra y acaso gana.

Jamás contagia V.I.H. sida,
jamás la amada se embaraza,
ni ocasiona los celos en vida
y menos resta los jorges de casa.

Manuelito, onanista, pajero,
volador de cometa, un asceta,
paja brava, pinga de acero.
Los que en monólogo se engríen.

Prescrita por sabios y eruditos,
recomendada al somnoliento,
métase usted dos al hilo
y sin puntilla caiga muerto.

Sólo ocúpate de que no seas visto
en el auto, en la escuela, en el baño,
en el cine, el parque, oficina,
disfrutar diez minutos y listo.

Cuando ya el movimiento te agote
y la sensación te resulte tediosa
no lo dudes, hazlo a mano cambiada,
os lo juro, sentiréis otra cosa.

El tierno púber lo experimenta,
juega y disfruta mas no se preocupa
del vicio al que está dando axioma,
que lo acompañará hasta la próxima.

El adolescente un poco más ducho
no para en la ducha con su mazorca
tal vez le recite, o le cante, o hable
y el hábito nunca muere en la horca.

Una salvación para los que no mojan,
adictivo en tímidos u homosexuales
¡ay de ellos si desconocieran tal rito!
como del proxeneta castrado expedito.

Dicen que más los profanos,
pero es pura mentira,
muchos machos se juntan
para una buena corrida.

Gana el que se venga más rápido
o aquel que llegue más lejos,
vacilón de gentlemen’s nigths
hasta cuando llegan a viejos.

Un insulto a la paja, las feas;
la belleza no es relativa,
el que imagina y pide poco
es a todas luces un loco.

Acompaña la pornografía
que sin pajeros no existiera,
es más rico en una corrida
ver en la web lo que quiera.

Fuera de casa guarda cuidado,
podrías cagarla, terminar manchado,
que jodido que llegando al clímax
salten los hijos grises disparados.

Pero en cama de noche
cuando se asoman las estrellas,
que risa ver la lluvia espesa
violenta y veloz hasta el techo.

Compruébese aquí la psicología:
si no piensas mientras la agitas
nunca la paras, menos te excitas.
Mano y mente, un solo hombre.

Es común y frecuente:
“Juro que nunca lo he hecho”,
lo niegan cínicamente:
“Me he estado rascando el pecho”.

En su frente el estigma “jeropa”,
en el bolsillo arrugada la última
impudorosa y no menos fogosa
página de la Caretas.

Cuando ya el dolor las remata
a las recién sacaditas de pito,
caballero, use la empatía
déjela, mastúrbese un ratito.

Te provoca, la frotas por fuera,
sabes sólo de ciento volando,
cierras los ojos, tragas saliva,
agitas, aguantas, exhalas y gritas.

Y que delicioso que fuera
imaginar a una mano ajena,
empero más solo que plutón,
inverosímil resulta la idea.

Con años aprendieron a estimarse
y a extrañarse, al compartir mucho,
la diestra y el fiel compañero
que anduvieron desde pequeños.

Pero todo exceso es pernicioso,
incluida la lasciva lujuriosa,
es menester controlar arrebatos
para la afrenta evitar del galeno.

Que te crece la mano, que te salen pelos,
que te vuelves loco, que te quedas ciego
y demás embustes blasfeman tu nombre
mientras los mendaces engendran miedo.

Total desvarío el de un anciano
que sin más reparo fue a la farmacia
a por un viagra para terminar en manos
aquello soñado que añoraba a diario.

No puedo dar fe, pero he oído,
el más narcisista, efervescente,
su habitación guarda sigilo,
prefiere al coito la prisa ardiente.

Ningún hombre queda exento,
es la ley de la gravedad,
si Jesús fue hombre y tuvo sexo,
de una erección surgió un juego.

No quiero condenarme al averno,
menos pienso tener callos,
no deseo volverme precoz,
menos puedo dejarlo de lado.

A la prima, a la modelo, a la vecina,
a la profesora, a la vendedora,
a la ex, a la actual, a la trampa;
infalible para comerse a cualquiera.

Pueden pasar veinte años,
relaciones, aventuras,
siempre vuelve el hijo pródigo
al hedonismo de su bravura.

Matar los tiempos aburridos
porque solos nos vamos del mundo,
cuando solo o deprimido,
egocéntrico, en crisis, profundo.

Que el que no se haya masturbado
tres veces en un día
tire la primera piedra,
huirán todos de por vida.

En estos momentos mientras escribo,
cuando lo lean, piensen, comenten,
alguien en el mundo se autocomplace,
alguno muere y quizá otro nace.

Concluidas casi estas líneas
que a más de uno llevaron de a pocos
a sobarse los genitales,
“jalarse la tripa” o chorrear mocos.

Sin tal extremidad desgraciado fuera,
me ajusto los machos y como mexicano
finalmente, explicito mi reverencia,
te musito al oído: ¡gracias mano!

Carlos Miranda Passalacqua

"Reviviendo a los adjetivos poéticos" en Diario Risco (México)

martes 5 de enero de 2010

"Destino final"

lunes 4 de enero de 2010
Tengo la pureza del santo sufrimiento,
el destino helado de un cadáver maldito.
Se mezclan las texturas de mi alma condenada
con las espadas secas del dolor y el olvido.
***
Se estrechan las miradas de pupilas deformes,
adormeciendo el miedo al abrazo infinito.
Se estremece la luna en el cielo de plata,
leyendo en su reflejo su último destino.
***
Se mecen las estrellas, sangrando falsas luces,
que iluminan el arca del oculto homicidio.
Suena en la madreselva el olor de los llantos,
que gritan a los vientos su eterno castigo.
***
Gritan las maltrechas hojas, arrancadas de su sitio;
grita la naturaleza, en medio de su delirio.
Son míos los ojos que observan, los perdidos del camino.
Soy yo la que vive muerta: la poeta del olvido.
Katiuska García López.
______________________________________________________________________________
Un poema algo antiguo ya, pero, al mismo tiempo, uno de los más importantes para mí (no sé si también uno de los mejores, pero siento que representa mucho de mí misma). Espero que les guste ;)

Big Bang de optimismo

jueves 31 de diciembre de 2009


El Universo estalla en júbilo:

Se ha proclamado la abolición de la muerte

Y la independencia del tiempo.

Resuena por doquier una melodía infinita,

Supernova de sublime belleza.

Triunfo del sueño, utopía inconmensurable.


Los seres, libertados por la revolución definitiva,

Se funden en la dicha absoluta:

El fin de todo Misterio… Big Bang de optimismo!!!


Este poema es inusualmente optimista. No me verán escribiendo muchos parecidos. Igual, creo que tenemos que hacer un esfuerzo para recibir la nueva década con el mejor ánimo posible para seguir luchando por nuestros proyectos... !Antes que nos gane la locura o el suicidio!

¡¡¡Feliz 2010!!!

Preguntas para un antitaurino

domingo 27 de diciembre de 2009
Me considero una persona pacífica, siento aprecio por los animales y me repugna presenciar su martirio (incluso dentro del coso taurino). Estoy en desacuerdo con todas las fiestas patronales (como la de los dardos o cuernos de fuego) en las que sin motivo aparente se atenta contra los toros, pero con la fiesta nacional española es distinto por la naturaleza de los toros de lidia y por el arte que en ella radica. El diestro español Enrique Ponce asegura que la tauromaquia no necesita defensa, porque el arte se defiende por sí solo. Sin embargo, yo trato de justificarla de un modo más global.

No pretendo forzar a nadie a ir a los toros, pero en un mundo en el que los humanos dominan a los animales y atentan bárbaramente contra ellos al punto de conducirlos muchas veces a peligro de extinción, infringiéndoles mayor dolor que el que recibe un toro bravo y en un escenario distinto al que su condición solicita; seguiré apoyando a las corridas de toros por lo bellas y emocionantes que suelen ser y por garantizar la existencia de una especie excepcional.

Según Vicente Barrera decir que el arte del toreo es una vil tortura es como ir a un museo y frente a un cuadro de Picasso, asegurar que eso lo puede pintar tu hijo. Sánchez Dragó afirma que cuando un experto en física nuclear discute con un lego cualquiera, el lego lleva todas las de ganar. Si bien hay antitaurinos muy respetuosos (aunque no sean el común denominador), no conozco a ninguno que tenga idea de lo que es la fiesta brava, si tuvieran idea probablemente no hablarían de tortura y de salvajada; sin embargo, cualquier persona medianamente inteligente, con dos dedos y medio de frente y relativamente pensante; puede llegar fácilmente a la conclusión de que hay algo en las corridas, aparte de sangre y muerte, que es capaz de embelesar, conmover y apasionar a los aficionados a los toros y a cualquiera que esté dispuesto a observarlas a través de los cristales adecuados.

Reflexionando sobre las preguntas que plantearé a continuación, tal vez resulte más obvia la afirmación anterior. Asimismo, responderlas permitiría sopesar mejor si merece o no merece, la fiesta brava, tener una legislación en contra; y por qué no, fabular acerca de qué opinaría un toro de lidia al respecto.



Naturaleza del toro…

¿Han estudiado las leyes de la oferta y la demanda? ¿Saben qué ocurriría con los toros de lidia si las corridas de toros dejasen de existir?

¿Cuáles serían las consecuencias ecológicas de dejar de criar toros bravos en las miles de hectáreas de dehesas en las que son criados?

¿Por qué la naturaleza del toro de lidia es embestir? ¿Cuál es el animal (aquel que se extinguió aproximadamente en 1930) del que desciende? ¿Sirve para otra cosa que no sea la lidia?

¿Dignifica más su condición de toro bravo el morir peleando, de acuerdo su esencia de ser agresivo o morir en un matadero?

¿Es posible indultar a un toro (como premio a su casta y a su nobleza) en el matadero al igual que en una plaza de toros?

¿Cuántos animales criados por el hombre viven en mejores condiciones y gozan de mayores privilegios que los toros bravos, desde que nacen hasta que llegan a la plaza? ¿Cuánto cuesta criar a un toro bravo?

¿Han visto morir alguna vez a un toro en un matadero? ¿Tienen idea del dolor y del estrés que padece? ¿Se animarían a pronosticar dónde sufre más?

¿Por qué se dice que el toro de lidia es distinto al resto de animales endocrinológicamente hablando? ¿Por qué libera betaendorfinas durante la lidia? ¿Durante la lidia disfruta o adolece?

¿Por qué un toro de casta sigue luchando con el caballo luego del primer puyazo e insiste constantemente en lugar de retirarse si de verdad siente dolor?

***
Sobre las mentiras de los días y horas previas a la corrida…

¿Por qué existe un reglamento que regula cómo se debe proceder con los toros antes y durante la lidia? ¿Por qué ese reglamento exige que la empresa se responsabilice por aquellos que lleguen a la plaza con defectos físicos, estando obligada a cambiarlos? ¿Acaso quieren devolverlos todos a los corrales? ¿Qué clase de espectáculo podría presenciarse con un toro que entre al ruedo maltratado? ¿Por qué está prohibido que sus defensas sean despuntadas? ¿Cómo se esperaría de él buena presencia y juego si fuese previamente torturado?

¿Cómo la lidia se basaría en la visión del toro, si le esparcieran vaselina en los ojos para que no vea bien? ¿Qué pase se le podría hacer a un toro ciego? ¿Hay algo peor que le pueda pasar a un torero que enfrentarse a un toro ciego?

Dicen también que se les echa tiner en las patas para que rasguen la arena y parezcan bravos. ¿Tienen idea de cuáles son las características de un toro mansurrón?

Si fuera cierto que se les coloca no sé qué cosas en la nariz para dificultarles la respiración, ¿Por qué la mayoría de toros llegan al último tercio con la boca cerrada? ¿Respiran por las astas?

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De la actual jerarquía humano-animal…

Albert Boadella se cuestiona con qué moral los antitaurinos (Cataluña declarada ciudad antitaurina) se espantan con “tan cruel tradición” y no tienen reparo en atragantarse las deliciosas butifarras catalanas (averígüese la tortura de los cerdos). Y Mario Vargas Llosa suelta la siguiente pregunta: ¿Es más grave en términos morales la violencia que puede derivar de razones estéticas y artísticas que la que dimana del placer ventral?

¿Hay que abolir las corridas de toros antes que los viles atropellos contra los animales, que se cometen con cualquier propósito distinto a la supervivencia (en el sentido más estricto)? ¿Será que es más fácil acusar lo que se desconoce que lo que se disfruta?

¿Los animales tienen sus propios intereses y a los humanos no les compete intervenir en ellos? ¿Sería factible otorgarles los mismos derechos? ¿Sería posible exigirles los mismos deberes? ¿Dos y dos siguen siendo cuatro?

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Sobre el argumento de que los toreros son “pobre gente” y exponen su vida injustamente por necesidad. Y sobre el argumento de que la muerte no debe formar parte de un espectáculo…

¿Con qué derecho pueden juzgar la profesión por la que opta una persona haciendo ejercicio de su libertad? ¿Por qué no se preocupan también de los trapecistas, los boxeadores, los corredores de fórmula 1, los repartidores de pizza, etc? ¿No son los matadores de toros los que pregonan acerca de la inigualable sensación de pegar un par de muletazos? ¿O no sabían que muchos de ellos ganan tal vez más de 150 000 euros por tarde?
¿Cuántos antitaurinos ganan más que los que ellos llaman “esa pobre gente”?

Por otro lado, hay de los que creen que el sufrimiento del toro no es lo peor, incluso están de acuerdo en que los toros probablemente padecen más en los mataderos que en las plazas de toros. No obstante, consideran que es inadmisible que en una sociedad del siglo XXI, forme parte de un espectáculo presenciar la muerte de un animal, lo cual contribuye a embrutecerla y denigrarla. ¿En ese caso no habría que prohibir el rodaje de películas en las que ocurran actos de violencia, muertes, guerras, sufrimiento, dolor, depredación, etcétera? ¿No sirven de justificación el arte, la moral, la divulgación de hechos históricos y tradiciones; tanto para presenciar corridas de toros como películas injuriosas?

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Una minúscula deducción lógica y algo de estadística...

¿Resulta verosímil que alguien esté dispuesto a pagar 300 euros sólo por ver “morir a un animal desangrado”? ¿No sería más lógico, al menos más práctico y económico atrapar a un gato o perro callejero y reventarlo a pedradas o palazos hasta matarlo? ¿O quizá algo más de atractiva debe tener una corrida de toros?

Si los aficionados son tan sádicos y despiadados que gozan más a mayor tortura ¿por qué abuchean a un torero cuando falla con la espada a la hora de matar, a los malos picadores y a los puntilleros poco certeros?

¿Por qué la molestia generalizada cuando el toro adolece más de lo que debería? ¿Por qué si el torero no consigue matarlo luego de los 3 avisos, es devuelto a los corrales?

¿De las decenas de millones de personas que pasan al año por las plazas de toros de España, Francia, Portugal, México, Perú, Colombia, Ecuador y Venezuela; son todos unos salvajes, crueles, despiadados, sádicos, enfermos, antisociales, sadomasoquistas, insensibles, bárbaros y sufren de trastornos psicopatológicos?

¿De todos ellos, cuántos son inteligentes y cultos? ¿Cuántos genios aman las corridas de toros? ¿Cuántos artistas se han inspirado en la fiesta y qué tan disminuida quedaría su obra sin ella? ¿Cuántos poemas, canciones, obras teatrales, óperas, pinturas, esculturas, litografías, novelas, películas de cine y danzas se han basado en la tauromaquia? ¿Cuántas terminologías taurinas se pronuncian día a día en conversaciones coloquiales? ¿Por qué se dice que en una tarde de toros se conjugan todas las bellas artes?

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De la flexibilidad del término “arte”…

¿Por qué hasta en la RAE se asocia a la tauromaquia con arte y cultura? ¿Por qué la técnica que se usa para dicho arte es evolutiva? ¿En qué se diferencia el toreo actual de los alanceos de los reyes del siglo XVI? Al igual que en las demás artes, ¿por qué es tan importante la técnica en el toreo? ¿Puede cuajar muchos toros un torero que carezca de una técnica depurada? ¿En cuántos otros espectáculos artísticos todo lo que ocurre es improvisado y real? ¿Por qué una faena no puede ser repetida ni preconcebida?

¿Por qué Hemingway, Goya, Picasso, Bizet, Benlliure, botero, Roberto domingo, Miguel Barceló; Rafael Alberti, Joaquín Sabina, Albert Boadella, Bergamín, José María Pemán, Pablo Neruda, Rafael Duyos, Blasco Ibáñez, Mario Vargas Llosa, Manuel Machado, Ortega y Gasset, Gerargo Diego, Pancho Flores y un largo etcétera?

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De la libertad…

¿Deben ser las ciudades centros de tolerancia donde convivan gentes de diversas tendencias, creencias, valores e ideas? ¿O es preferible que una única ideología e idiosincrasia las uniformice y homogenice? ¿Las leyes pretenden adecuarse a los gustos, tradiciones y costumbres de las personas a las que vigilan y por las que velan o su imposición arbitraria es lo más adecuado? Los antitaurinos pretenden que los aficionados a los toros dejen de asistir a las plazas. ¿Pero Acaso éstos les exigen a aquellos que asistan?

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Finalmente, para todos los que van a las plazas de toros a insultar, a demostrar su intolerancia y qué no tienen otra cosa mejor de que preocuparse: VAYAN A SU DICCIONARIO Y A VER SI AVERIGUAN QUE “ASESINO” SE DICE DE LA PERSONA QUE MATAN PERSONAS, NO DE LA PERSONA QUE MATA ANIMALES.

Olé.


Carlos Miranda Passalacqua.

Tú sabes que no nos importa

martes 22 de diciembre de 2009
Cayó del cielo ese pedazo de roca


Cayó y nos quedamos todos mirándolo

¿Qué sucedió con mis sentimientos?

¿Cuando me volví tan inhumano?



Trataba de entenderlo

Pero solo encontré motivos para justificar mi soledad

Y sin embargo tus ojos siguen rojos al final



Buscaba una razón para no llorar

Pero el ruido de las rocas terminó ganando

¿Y si todos estuviésemos dormidos?

¿Si la vida fuese tan solo un trance eterno?

Si fuera así, si te necesitara hoy, ¿Me despertarías?



Y sin embargo las rocas son solo rocas

Y mis penas son solo penas

Cómo las alegrías de los niños son inconsciencia



¿Tú y yo vamos a vivir por siempre?

Que ingenuo. Si tan solo supieras todo lo que he visto.

Y las rocas indiferentes, ¿Acaso todos se han vuelto locos?



Así, uno extraña la calidez de las sabanas

Los días sin aliento ya quedaron atrás

¿Será todo igual, o será todo diferente?

Será que estamos creciendo

¿Será que quizás después de todo no es tan mala la soledad?

¿Será que perdí la vista en tu pecho?



Y si es así, ¿Cómo me quito los anhelos?




Joan Enrique Torre Pinares
http://copascosasymascosas.blogspot.com/
http://leyendadehida.blogspot.com/

Magister dix

miércoles 16 de diciembre de 2009
Por primera vez en mi vida, me encontraba en la penumbra de la mítica sala de profesores. La falta de ventilación, por la ausencia de ventanas, combinaba el insufrible calor con un olor que parecía ser causado por la mezcla de periódicos viejos cobijando ratas, con humo de cigarrillo y una reminiscencia de aroma a café pasado. Sin duda, un ambiente asfixiante e indeseable para cualquier mortal.

En ese momento, no había nadie más que yo en aquel estrecho lugar. Empezaba a impacientarme cuando, de repente, divisé la silueta del profesor Cabrejo colándose por la puerta. Me saludó amablemente y se sentó a mi lado. Imaginaba lo que me anunciaría. Escucharlo iba a ser como vivir un “deja vu”. Enseguida comenzó con su sermón moralista.

—Bueno Camilo, sin mucho palabreo, iré al grano —dijo parsimoniosamente.

—De acuerdo —contesté displicente.

—Fíjate muchacho, yo no le exigí a los alumnos de cuarto de media que concursen en los juegos florales. Era un asunto de libre decisión, más allá de que haya ofrecido una nota extra para quien desee hacerlo. De manera que si no quieres participar, no lo hagas, pero ese cuento que has presentado, de ningún modo lo enviaré al jurado que califica y sólo por tratarse de ti, te doy la opción, si quisieras, de entregarme otro en dos días.

—¿Por qué no puede llegar a las manos del jurado mi cuento? ¿Qué hay de malo en él? La mayoría de mis compañeros tienen una pésima redacción y peor ortografía, y al parecer a ellos no les dice nada. ¿Cuál es el motivo de esa injusta discriminación?

—No es por redacción ni ortografía. No puedo negar que tu cuento tiene diálogos bien elaborados, buen uso del lenguaje y una trama embelesadora. Gozas de mucho salero para escribir, eres muy perspicaz, pero todas tus virtudes las degradas enormemente con reiteradas vulgaridades y una barroca diversidad de voluptuosos detalles innecesarios —me replicó ceremoniosamente punzante.

—Profesor, con todo respeto, ¿tiene usted idea de lo que está diciendo? Las “vulgaridades”, como usted las denomina, son propias de los diálogos coloquiales que le dan verosimilitud a las historias, y sí, escribí un cuento erótico, pero de igual manera el sexo es tan común en literatura como en la vida cotidiana. Realmente, no veo el problema. ¿Ha leído usted alguna vez a Mario Vargas Llosa o a Gabriel García Márquez?

—Por supuesto Camilo, entiendo tu posición, pero aparentemente tú no, la mía. Lo que has escrito quizá sea una obra interesante y como buen prospecto de escritor latinoamericano, recurres a un vocabulario soez. No obstante, los curas del colegio no comparten nuestro punto de vista. ¿Te imaginas qué pasaría si tu cuento gana y alguno de ellos se toma la molestia de leerlo? ¿Sabes las consecuencias que eso acarrearía? Quedarían horrorizados y seguramente serías expulsado y yo, despedido. Como te mencioné, tienes la opción de presentarme otro trabajo.

Hasta ese momento había resistido estoicamente a todas las barbaridades espetadas por Cabrejo, pero esto último me cayó como un elefante del quinto piso. Estaba indignado. Me di cuenta de que mi estimado profesor del curso de literatura era un descarado capaz de actuar de la manera más incongruente con tal de mantener su trabajo. ¿Qué se habrá creído este jijuna gran puta para dejar de lado mi cuento por miedo a esos curitas hipócritas? —pensé—. No podía soslayar sus comentarios. Mi agresivo refutamiento era inminente.

—¿O sea que usted piensa y actúa de modos distintos? ¿Dónde quedó aquello de que quería alumnos rebeldes y cuestionadores? ¿Y qué hay de la aspiración por formar vanguardistas? Ahora veo que cuando usted pregonaba eso, lo que hacía era hablar por tener ganas de decir algo.

—No te permito que me hables así, Camilo. Y que te quede bien claro lo siguiente; yo les di libre albedrío para que escriban sobre lo que prefieran, porque limitarlos a un tema en especial me parecería ridículo e irracional, ya que estaría atentando contra su capacidad creativa y burlándome de su imaginación. Sin embargo, tú captaste mal el mensaje. Date cuenta de la diferencia entre libertad y libertinaje. En la vida debes respetar ciertos límites, no puedes andar haciendo siempre lo que te de la gana, ¿o te parece que el mundo es anárquico por naturaleza? Por último, por algo yo soy el profesor, así que tendrás que obedecerme en todo lo que te ordene, ¿te enteras?

—Mire profesor (viejo cabrón), para escribir yo sólo tengo los límites que mi propia conciencia me indica. Por otro lado, todo lo que usted dice es puro verso, lo único que le interesa es que los curas jamás lo despidan. Así que me rehúso a hacerle caso a un falso, metalizado y convenido como usted.

—¡Basta! Yo mismo me encargaré de que te expulsen por insolente. Ahora vas a ver lo que te va a costar la rebeldía y todita la cojudez. ¡Atrevido! ¡Lárgate de mi vista! ¡Fuera de aquí!

—Adiós Cabreeejoooo —le dije sarcásticamente mientras me iba.

—¡¿Cómo dices?! —Contestó furibundo.

—Adiós cabro pendejo —musité y tiré la puerta.



Y fue allí donde volví a presenciar, al día siguiente, el bigote poblado y los anteojos de gruesos cristales que adornaban el rostro con calvicie del robusto profesor Cabrejo. Con la diferencia de que, esa vez, el lugar no apestaba a mil demonios, quizá por alguna medida que se tomó en virtud de que también fueron citados mis padres y nos acompañó el cura director.

Permanecí impávido al escuchar mi condena. Luego, miré al techo queriendo mostrar una actitud indiferente. De pronto, sonreí. Se me había ocurrido algo genial: algún día le contaré al mundo sobre este huevón… Como pueden asumir, no me arrepentía de haber actuado de la forma que lo hice. Si no hubiera sido así, sencillamente no sería yo.

Carlos Miranda Passalacqua

Y sino, ¿para qué vivo?

Somnolencia en vigilia,
itinerario por sueño,
tour de más de tres días,
verdes compañeros, públicas subastas.

Banquete de nobles sin duda,
acceso sin restricción al plebeyo,
ninfómanas que duermen de día,
fetichismos que no saben de disputas
ni de edades, ni de proveniencias,
pastillas de todos los colores.

Genios que bluffean a sus esposas,
poetas que alternan lengua y laringe,
jefes sin amores ni rencores.

El manjar de la depresión,
las taquicardias deliciosas,
adiós pudores, adiós resacas.
Todo tiempo pasado fue peor, sin controversias;
sonrisas van y a lo mejor vuelven.

La combinación de cuatro de ellas,
amortiguación… quizá no,
sin espacio para la memoria,
seis horas, rompe hielos la paleocorteza.

El exceso del sinexceso tampoco fue.
Por sinuosos caminos transcurre la voluntad del señor,
por sinuosos caminos andaré yo
y sino, ¿para qué vivo?


Carlos Alonso Miranda Passalacqua

Nacionalidad: Peruana

Con este poema participo en el segundo Concurso de Poesía de Heptagrama