viernes 28 de agosto de 2009

Suicidas Sub 21: Versión 2.0

Suicidas Sub 21: Versión 2.0

martes 25 de agosto de 2009

Noche de festival

-Conque un film a lo Metropolis sobre una elite de tecnócratas gays adinerados y pseudoscialistas que dominan desde las cimas de los rascacielos a las masas mediante drogas, libertinaje y control mental y que, además, sirven secretamente a una raza de aliens hermafroditas. Tu propuesta es un tanto… heterodoxa. –comentó Sergio tras oír hablar de su último proyecto a su colega, el director.

-Obviamente a estos intelectuales políticamente correctos con poco sentido común, del humor o del buen gusto no les caerá muy bien.

-Sí pues, no creo que sea muy del gusto del jurado,

-Pero sabes qué… me importa un carajo.

El director apuró un trago de Whisky. Iba vestido informalmente, con una chalina al cuello. La barba la tenía un tanto crecida y el pelo largo y algo despeinado. Sergio no había visto a su colega desde hacía tiempo. Al fondo del bar, un pianista tocaba variaciones jazzysticas de Fly me to the Moon.

Sergio entonces se acordó de que, más temprano ese día, mientras él veía más algunas cintas del festival de cine en que se encontraban, había tenido lugar la conferencia de prensa de una película bastante sui generis de nombre Psicotecnia. ¿Sería la misma de la que hablaban?

-Muchos me ven como el chico malo del barrio. –dijo el director.

-¿Y piensas hacer algo acerca de eso?

-Nah… esas críticas me van y me vienen. Para más adelante tengo pensado filmar un policial sobre un ex pandillero que entra a la policía y es infiltrado en una escuela pública donde encuentra corrupción, pandillas, abuso de menores y tráfico de drogas. Julio Chávez estaría ideal para hacer de oficial incapaz.

Sergio no supo si hablaba en serio o con sarcasmo.

-¿Por qué tuviste que hacer ese thriller loco? ¿Nunca pensaste en lo que le haría a tu carrera? –le increpó.

-¡Ah! ¿Hablas de ese del periodista joven, cínico y sin ideales que investiga los atentados de Madrid y lo expulsan de su diario por insinuar que los socialistas tuvieron algo que ver?

-¡Sí! ¡¿Qué mierda tenías en la cabeza?!

- Un amigo me dijo que le pareció una metáfora sobre el intelectual marginado por ser muy honesto consigo mismo. Supongo que es la mejor definición hasta ahora.

-Como sea, seguro que después de eso ya no conseguirás ni un cobre del gobierno español ¿Quién te ha financiado esto? ¿El Opus Dei? ¿Los neonazis? ¿El partido republicano?

-No che, no subestimes mi inteligencia. Nomás soy un librepensador y no me hago problema con eso ¿Y vos? ¿Qué me decís?

-Ya debes saberlo. Escribo cuentos y poemas y me va muy bien. Me gané un premio importante en España por mi último libro. Y bueno, ahora estoy de paso por acá para ver el festival.

-Vaya, me quito el sombrero –dijo el director con cierto sarcasmo- No muchos pueden decir que se ganan bien la vida como intelectuales en el Tercer Mundo.

-Estoy pensando en irme a España.

-¡Ah! ¡Perfecto! Ahora vos serás todo un hombre del Primer Mundo.

El cineasta volvió a beber y rió.

-Ha sido un gusto hablar con vos, loco. Ya tengo que salirme. Nomás espero no haberte fastidiado por no ajustarme a tus estándares.

Sergio quedó solo en la mesa. El pianista seguía con más variaciones de la pieza, acentuando la melancolía de ésta. Sergio estuvo en silencio un rato. Miró alrededor y a su vaso. Apuró el último trago y finalmente se fue de aquel ambiente.





-Primer premio, categoría ficción: El jardín de la soledad.

La pantalla mostró imágenes de un joven caminando por el parque cerca de su casa, seguidas de otras más del mismo en su casa almorzando o en su habitación, en la escuela, recorriendo las calles de Buenos Aires en bus, haciendo pequeños trabajos, etc. Todo con gran sobriedad y escasísimo diálogo.

El director, perfectamente enternado, pasó a recibir el premio y dijo que su película sólo pretendía mostrar trozos de la vida de un joven bonaerense, aunque era dudoso que a cualquier joven bonaerense le habría interesado mayormente lo mostrado.

-Segundo premio, categoría ficción: Luces al atardecer.

La pantalla mostró imágenes de un hombre en sus cuarenta, sentado en una sala y claramente enfermo hablando con camaradas suyos. Con su voz en off de fondo aparecían imágenes de compañeros burlándose de él en su juventud, marchas gay y poco ortodoxas escenas de amor. Todo con una música lírica, sentimental y sentida.

El director, un joven mexicano de lentes, vestido un tanto informal y otro tanto amanerado, pasó a recibir el premio. Dijo que, probablemente, mucho del público no estaría de acuerdo con su perspectiva, pero que había que estar más allá. Nada más edificante para ello que las reminiscencias de un veterano dirigente gay enfermo de sida.

Tras esto el anfitrión anunció que, a propuesta de algunos miembros del jurado, se entregaría una mención especial a una cinta inclasificable y transgresora.

-Mención especial, categoría ficción: Psicotecnia.

La pantalla mostró, sin ton ni son, imágenes psicodélicas de una ciudad futurista de altos rascacielos y autos voladores; gente viendo pornografía, drogada por narcóticos o por la web y víctimas del control mental; putos elegantemente trajeados, con fornidos negros en tanga y con michi sirviéndoles champagne regodeándose en su poder y pasándola bien en gimnasios, saunas y discotecas de ambiente. Todo con música electrónica de fondo.

El director llegó hasta el estrado.

-Gracias. – fue todo lo que dijo y se alejó con su premio. El público estaba desconcertado.

Al alejarse de su asiento vio entre los miembros del jurado a Sergio, quien le guiñó un ojo.

-Buena loco. –dijo el director, sin que nadie del desconcertado público supiese a quien se dirigía.

Esteban Poole

domingo 9 de agosto de 2009

Instantes inconclusos

Momentos eternos
en un intervalo finito
donde tu presencia
impermeabiliza la soledad
como aquella luna
que oculta el olvido
y renace la esperanza de dos almas caídas
en el cementerio de los sueños

Sólo son recuerdos
de instantes inconclusos
que remuerden los sentimientos
como la más dura de las piedras
que aplastan la ilusión
ahogando suspiro a suspiro
las esperanzas casi perdidas
de escribir una historia, tu historia

Oscar Torre
Estudiante de Ing. Civil en la UPC. Amante del rock peruano y la música andina.

domingo 2 de agosto de 2009

"Reviviendo a los adjetivos poéticos"

Sublimar un texto, ya sea poético o no, con estética y significaciones ingeniosas, es menester de todos los que abordamos al oficio de escribir. En uno de los caminos, podríamos recurrir al uso de los olvidados adjetivos poéticos y a una versión remozada de estos. En su mayoría, los podemos identificar por sus terminaciones más comunes: -reo(a) de pertenecer, -vago(a) de vagar –errantismo, imprecisión-, -fero(a) de llevar, -fugo(a) de huir, -fluo(a) de fluir, destilar y -voro(a) comer; para ejemplificar citaremos el término “lucífero” que significa “resplandeciente”. Muy aparte de poseer una musicalidad muy agradable y un marcado concepto poético, tanto la terminación correspondiente como las demás, se prestan para poner a prueba nuestra imaginación y constituir nuevos términos que enriquezcan el panorama de los textos y rescaten del abismo del desuso a lo adjetivos poéticos. Y así como alguna vez la locución “límpido” fue un artificio esgrimido por algún innovador, podemos diseñar nuestras propias palabras. Al hacer esto, estaríamos cumpliendo una de las funciones requeridas por muchos escritores: crear palabras cuando las que se tienen al alcance no sirven para trasmitir lo que se siente. Ellos vislumbran en estas construcciones, un camino aún más fructífero tanto para la poesía como para todas las expresiones literarias.

De esta manera, rememorando y basándonos en los adjetivos poéticos, cuasi arcaísmos, podemos esbozar adjetivos como “gelífero”, que se podría conceptualizar de diversos modos, pero esto se lo dejo a la destreza del lector. Sin embargo, podemos ensayar un ejemplo poético: “El personaje exhalaba un hálito que llevaba frío al extremo”, pero aplicando el neologismo podría enunciarse: “El personaje exhalaba un hálito gelífero


Cabe resaltar que los recursos neológicos son los que nos permiten accionar de manera lúdica para crear estas palabras, denominadas neologismos. Guiándonos de estos recursos, propios de nuestra lengua, construiremos consciente y correctamente los términos que integraremos a lo establecido, dinamizando nuestra lengua y recuperando parte de esta: los términos poéticos, más específicamente los adjetivos.
Raúl Allain