viernes 30 de julio de 2010

Disculpe, amigo

Según la RAE, el vocablo “amigo”, tiene por significado “que tiene amistad”. Asimismo, define a ésta como “afecto personal, puro y desinteresado, compartido con otra persona, que nace y se fortalece con el trato".

Para mí, tal concepto tan machaconamente manoseado, connota mucho más. Un amigo, considero, es aquel ser vivo por cuyas desdichas me aflijo y dichas me regocijo. Por quien sacrificaría sin escatimar, mi tiempo y voluntad. Y lo más importante, aquel en que puedo confiar que, pase lo que pase, nunca me traicionará.

Por otro lado, me resulta inverosímil pensar en que la vida me alcanzará para encontrar más de uno, dos o tres que sean capaces de reunir tales cualidades (o condiciones). E incluso que alguno de esos uno, dos o tres, pueda obtener el título vitalicio y nunca jamás vuelva a cuestionarlo como tal.

Sin embargo, en el lugar en el que vivo, es hábito y costumbre de muchos llamar “amigo” a cualquier persona de la cual se desconoce el nombre. Incontables veces me han dicho “amigo”, gentes extrañas que no tienen idea de quién soy, cómo soy, qué pienso y probablemente ni tan siquiera me volverán ver.

“Disculpe, amigo, ¿qué hora es?”.

“¿Tiene sencillo, amigo?”.

“Su vuelto, amigo”.

“Permiso, amigo”.

“¿Está en la cola, amigo?

“Llene sus datos, amigo”.

“Pasaje, amigo”.

“Espere un momento, amigo”.

“¿Vive aquí, amigo?”.

“A la mano derecha, amigo”.

Son solo unos cuantos ejemplos. Con alguno de ellos quizá alguna vez se hayan dirigido a usted, estimado lector (me niego a decirle amigo), y probablemente también note una incongruencia. ¿Quién trata de “usted” a un amigo, en el Perú del siglo XXI?

Este escrito, tímida y exclusivamente pretende convidar a la reflexión, ponderación y cuestionamiento; a quienes consideran menesteroso durante la interacción con desconocidos, el buen uso del español, es decir el estándar y regido por la RAE (sin que este uso sea intrínsecamente mejor que otro). Mi lengua materna y la más hermosa de todas. La única que sin lugar a dudas puedo darme el lujo de aseverar, sé hablar.